El peso de esta mañana, 75,5 kg. Uff, lo que me está costando seguir la dieta. Un día por una razón y otro día por otra, hoy sin ir más lejos me he comido un trozo de bizcocho casero que ha traído mi hija, y un cachito de pan, me han sabido a gloria, esa es la verdad. Bueno, esto hará que la pérdida de peso no sea rápida pero no importa, lo importante es la perseverancia, y de esta aún dispongo de una poca. Lo que me está sentando fenomenal es andar todos los días un poco, 15 a 20 minutos. Salvo el domingo, no he fallado ningún día a mi cita con la caminata.
Sólo habré perdido un kilo, pero me siento muy ligera, como si fueran muchos más. A este ritmo serán dos kilos por mes, que es lo que me he propuesto, así que ¿de qué me quejo?
Esta semana será fundamental porque tendré pocas interferencias, o sea, pocas tentaciones, salvo la de hoy, de manera que el fin de semana creo que llegaré a los 75 kg sin problemas.
Cuando menos me cuesta seguir la dieta es cuando estoy sola en casa con mi marido, aunque él coma delante de mí cualquier cosa. Ahora bien, es venir los niños y todo se me trastoca por completo. Alteran mis ritmos y como más cantidad aunque no quiera, soy incapaz de tirar comida al cubo de la basura, ando todo el día rebañando sus platos, un trozo de chocolate que me encuentro por aquí, una galleta por allá, un trozo de pan en la mesa.... Continuas tentaciones, difíciles de soslayar.
miércoles, 15 de febrero de 2017
miércoles, 1 de febrero de 2017
Primer día de dieta
Cuando empiezo una dieta lo primero es pesarme: 76,5 Kg, en ayunas y pijama, a día de hoy 31 de Enero. A mí me gusta pesarme todos los días o casi todos. Es un gran incentivo, aunque sólo sean unos gramos, ver cómo tu esfuerzo tiene recompensa. No pretendo perder más de dos kilos por mes, lo que supone entre 50 a 70 gramos diarios. La experiencia me dice que en la báscula se refleja cada dos o tres días, y me supone una gran satisfacción ver la correlación de lo que como con lo que bajo.
He comenzado con una dieta de aproximadamente 1500 calorías, como no es la primera vez ya me conozco las cantidades de comida y las calorías que tiene cada ración, no necesito andar pesando. Aunque tengo la báscula de cocina a mano y una lista de alimentos con sus calorías correspondientes. No sigo ninguna dieta médica escrita ni nada parecido, sólo la MIA PROPIA, improviso todos los días, en función de lo que me apetece o de lo que tengo a mano. Lo que tengo son unas reglas básicas que intento cumplir a rajatabla para no pasarme en las calorías, a saber:
1.- 1500 calorías repartidas entre tres comidas, algo menos de 500 en el desayuno, algo más de 500 en la comida y si puedo algo menos de 500 en las cena.
2.- Antes de comer y cenar un buen vaso de agua con el zumo de medio limón y edulcorante, como diez minutos antes. Lo del limón es porque a mí el agua sola no me entra, pero la limonada está muy buena y son muy poquitas calorías. Acaba siendo más de medio litro de agua que te metes en el cuerpo. Si le sumo el café de la sobremesa y el té de las tardes ya tengo más de un litro.
3.- Sólo como pan en el desayuno, el resto del día nada de nada. El pan del desayuno es una ración del pan Tins o similar, son cien calorías y la razón por la que lo tomo: el 17% de fibra que tiene. Para mí es muy importante porque padezco de estreñimiento y cuando hago dieta más, como es normal al restringir la cantidad de alimento. La supresión del pan tiene un motivo añadido, y es que me sienta fatal. Es comer pan y me hincho como un globo, además me produce ardor de estómago. Y mira que me gusta! Seguramente es el mayor sacrificio, pero también donde tengo una mayor recompensa, porque ésta es triple.
4.- Por supuesto nada de dulce, ni pastas, bollos, pasteles, galletas, etc Ni probarlo. El azúcar para mí es adictivo. El único azúcar que me permito es el que tiene la mermelada del desayuno, a la que no renuncio, tampoco es mucho.Suprimir el dulce es lo que más me cuesta. Ese croissancito con el café de sobremesa, o las galletitas caseras!! El problema no es comerse una, aunque ya son un montón de calorías en la cuenta, es que como he dicho, son adictivos, y es muy fácil caer en la trampa y comer más. Así que lo mejor es evitar la tentación.
5.- Sustituyo el azúcar por edulcorante líquido, por ejem. en la leche, yogures, requesón, café, té, etc
6.- La leche siempre desnatada, aunque esto en mí es práctica habitual desde hace muchos años.
7.- Los yogures, sólo naturales y desnatados, son los que menos calorías tienen. Tampoco es ningún sacrificio porque lo hago siempre, los demás no me gustan, a excepción del griego, así que éste ahora prohibido.
8.- Las únicas grasas, el aceite de oliva de ensaladas y la poca que utilice para cocinar.
9.- Si como patata, sólo hervida, como guarnición, al igual que el arroz. Si mi marido hace paella, pues la como como plato único y una ración moderada.
10. Fruta en cada comida, una pieza, salvo en el desayuno, que tomo zumo de naranja, por supuesto natural recién exprimido.
A decir verdad, el desayuno es el mismo todo el año, con dieta o sin ella. Con dieta una sola porción de pan -100 calorías- sin dieta dos porciones, 200 calorías. Zumo de naranja, porción de pan Tins con queso ligh de untar, unos 30 gramos, y mermelada casera que hago yo, y café con leche, 200 ml. El desayuno no lo cambio por nada.
11.- En cuanto a la forma de cocinar, intento utilizar poco aceite, por supuesto nada de mantequilla, poca o nada de fritura, la verdura salteada, a la plancha, hervida, el pescado lo mismo, ni fritos ni rebozados, a la plancha o al horno. Lo mismo con las carnes. Cocina sana. No es muy diferente de lo que hago habitualmente.
12.- Los huevos, solo cocidos, me los pico en la ensalada.
Por lo demás, como de todo, garbanzos, alubias, lentejas hasta pizza llegado el caso. Lo único que hago es comer porciones adecuadas a las calorías que me he impuesto, comer la comida más fuerte de digerir a mediodía y las cenas ligeras.
Sigo comiendo frutos secos a diario, en vez de comer tres o cuatro nueces, como suelo hacer, pues solo una, picada en la ensalada. Lechuga es lo que como a placer, sin restricción de ningún tipo en cuanto a cantidad, salgo a una pieza diaria o dos.
Se trata de hacer una dieta equilibrada, comiendo de todo, pero restringiendo cantidades para no pasarse en las calorías. Ya se sabe, lo único que no engorda es lo que se queda en el plato...
He comenzado con una dieta de aproximadamente 1500 calorías, como no es la primera vez ya me conozco las cantidades de comida y las calorías que tiene cada ración, no necesito andar pesando. Aunque tengo la báscula de cocina a mano y una lista de alimentos con sus calorías correspondientes. No sigo ninguna dieta médica escrita ni nada parecido, sólo la MIA PROPIA, improviso todos los días, en función de lo que me apetece o de lo que tengo a mano. Lo que tengo son unas reglas básicas que intento cumplir a rajatabla para no pasarme en las calorías, a saber:
1.- 1500 calorías repartidas entre tres comidas, algo menos de 500 en el desayuno, algo más de 500 en la comida y si puedo algo menos de 500 en las cena.
2.- Antes de comer y cenar un buen vaso de agua con el zumo de medio limón y edulcorante, como diez minutos antes. Lo del limón es porque a mí el agua sola no me entra, pero la limonada está muy buena y son muy poquitas calorías. Acaba siendo más de medio litro de agua que te metes en el cuerpo. Si le sumo el café de la sobremesa y el té de las tardes ya tengo más de un litro.
3.- Sólo como pan en el desayuno, el resto del día nada de nada. El pan del desayuno es una ración del pan Tins o similar, son cien calorías y la razón por la que lo tomo: el 17% de fibra que tiene. Para mí es muy importante porque padezco de estreñimiento y cuando hago dieta más, como es normal al restringir la cantidad de alimento. La supresión del pan tiene un motivo añadido, y es que me sienta fatal. Es comer pan y me hincho como un globo, además me produce ardor de estómago. Y mira que me gusta! Seguramente es el mayor sacrificio, pero también donde tengo una mayor recompensa, porque ésta es triple.
4.- Por supuesto nada de dulce, ni pastas, bollos, pasteles, galletas, etc Ni probarlo. El azúcar para mí es adictivo. El único azúcar que me permito es el que tiene la mermelada del desayuno, a la que no renuncio, tampoco es mucho.Suprimir el dulce es lo que más me cuesta. Ese croissancito con el café de sobremesa, o las galletitas caseras!! El problema no es comerse una, aunque ya son un montón de calorías en la cuenta, es que como he dicho, son adictivos, y es muy fácil caer en la trampa y comer más. Así que lo mejor es evitar la tentación.
5.- Sustituyo el azúcar por edulcorante líquido, por ejem. en la leche, yogures, requesón, café, té, etc
6.- La leche siempre desnatada, aunque esto en mí es práctica habitual desde hace muchos años.
7.- Los yogures, sólo naturales y desnatados, son los que menos calorías tienen. Tampoco es ningún sacrificio porque lo hago siempre, los demás no me gustan, a excepción del griego, así que éste ahora prohibido.
8.- Las únicas grasas, el aceite de oliva de ensaladas y la poca que utilice para cocinar.
9.- Si como patata, sólo hervida, como guarnición, al igual que el arroz. Si mi marido hace paella, pues la como como plato único y una ración moderada.
10. Fruta en cada comida, una pieza, salvo en el desayuno, que tomo zumo de naranja, por supuesto natural recién exprimido.
A decir verdad, el desayuno es el mismo todo el año, con dieta o sin ella. Con dieta una sola porción de pan -100 calorías- sin dieta dos porciones, 200 calorías. Zumo de naranja, porción de pan Tins con queso ligh de untar, unos 30 gramos, y mermelada casera que hago yo, y café con leche, 200 ml. El desayuno no lo cambio por nada.
11.- En cuanto a la forma de cocinar, intento utilizar poco aceite, por supuesto nada de mantequilla, poca o nada de fritura, la verdura salteada, a la plancha, hervida, el pescado lo mismo, ni fritos ni rebozados, a la plancha o al horno. Lo mismo con las carnes. Cocina sana. No es muy diferente de lo que hago habitualmente.
12.- Los huevos, solo cocidos, me los pico en la ensalada.
Por lo demás, como de todo, garbanzos, alubias, lentejas hasta pizza llegado el caso. Lo único que hago es comer porciones adecuadas a las calorías que me he impuesto, comer la comida más fuerte de digerir a mediodía y las cenas ligeras.
Sigo comiendo frutos secos a diario, en vez de comer tres o cuatro nueces, como suelo hacer, pues solo una, picada en la ensalada. Lechuga es lo que como a placer, sin restricción de ningún tipo en cuanto a cantidad, salgo a una pieza diaria o dos.
Se trata de hacer una dieta equilibrada, comiendo de todo, pero restringiendo cantidades para no pasarse en las calorías. Ya se sabe, lo único que no engorda es lo que se queda en el plato...
lunes, 30 de enero de 2017
Año nuevo, dieta nueva
Con un año más he decidido ponerme de nuevo a dieta, la tercera en cuatro años. Quiero decir, que llevo intentándolo desde que acabó la Navidad, pero se me está haciendo muy cuesta arriba. Las dos veces anteriores no me costó nada, tenía incentivos muy fuertes, lo que no me ocurre ahora. Fue mi cumpleaños, una buena excusa para volver a intentarlo, una vez que ya me harté de las ricas galletas que hace mi hija y de los moros(madalenas - cupkeis o como los llamen ahora) que me prepararon como tarta de cumple y de los caramelos de nata y café que me regaló David. Así que como incentivo he decidido escribir un diario con la experiencia, no para que lo lea nadie, que espero que no suceda, (me da mucho pudor que alguien pueda leer esto) sino para tener una excusa diaria para mantener férrea la voluntad. Escribiendo un poco todas las noches espero incentivarme lo suficiente para llegar al peso que quiero: 70 kilitos de nada. Mañana me pesaré, pero andaré por los 77.
Un poco de historia
¿Por qué quiero adelgazar? Porque no me siento a gusto. Nada más. Sólo por un problema estético, por eso mi incentivo es tan bajo.
Hace años, bastantes, yo pesaba entre 58-60 kilos. Después de mis embarazos me quedé en 62-64, a veces algún kilo de más cogido en invierno y que perdía en verano sin más. No comía mucho, ni pasaba hambre, y nunca me preocupó mi peso en demasía, vamos, que el estar gorda o flaca nunca fue una de mis pesadillas.
No es el caso de mi marido. El padece de obesidad mórbida, está operado desde hace bastantes años, más de veinte. Se operó en el Clínico de Zaragoza, y a su lado, más de treinta años, he padecido todos los avatares por los que pasa un gordo de verdad. No es mi caso, hoy sólo tengo unos kilos de más, pura cuestión estética. Pero hace catorce años tuve una menopausia precoz (esto da para hablar largo y tendido, y no es el caso) y una de sus consecuencias o efectos, o como queramos llamarlo, fue que engordé casi treinta kilos. Ahí es nada. En cuestión de dos años pasé de pesar 64 kilos a pesar 90. Supongo que fue consecuencia de varios factores: 1.- El propio cambio físico que se produce, en huesos, musculos, etc
2.- Las alteraciones de todo tipo que tuve, que me alteraron la estabilidad psíquica, me crearon ansiedad, depresión, falta de atención, eso te lleva a una baja autoestima y a que todo te importe ya un comino, y desde luego el aspecto físico menos que nada, así que descuidas todo.
3.- Un hambre increíble, no sé si real o producto de lo anterior, pero me llevó a comer mucho, como yo nunca había comido, a veces dasaforadamente. Supongo que la razón más poderosa por la que engordé, no me engaño.
Los casi treinta kilos de más no sólo me hicieron cambiar todo el armario, todo es todo, hasta los zapatos dejaron de valerme, también se convirtieron en un problema de salud, lo más importante. Apenas daba cuatro pasos me ahogaba, no podía ni respirar, de hecho, por el campo iba a rastras. Empezó a subirme el colesterol, llegué al límite de 200, puede que esto se debiera más al cambio hormonal. De hecho, cuando empecé a tomar un sustitutivo hormonal volvió a bajar. Empecé a roncar por la noche, lo que no me había sucedido nunca. Todos los problemas del sobrepeso, añadidos a los propios del cambio físiso que ya de por sí produce la menopausia, y que son muchos, me llevaron a plantearme seriamente el adelgazar, perder los kilos de más a base de dieta controlada. Y en eso llevo cuatro años.
De los noventa he conseguido bajar a 75, que en las Navidades se han convertido en 77. Pueden parecer pocos para cuatro años pero a mí me parecen una maravilla. Nunca he pretendido perderlos de golpe y porrazo, nada de eso. Al lado de mi marido he aprendido mucho, no presumiré de experta, pero algo sé sobre el tema. He leído mucho también, pero lo más importante es la experiencia al lado de alguien que lo ha probado todo, todo tipo de dietas milagro y no milagro, pastillas, técnicas, tratamientos, internamientos en clínicas, etc, sacacuartos lo llamo yo. Así que yo me lo tomo como lo que es, un plan de vida, y no sólo de un plan de comida durante un tiempo. Porque los que tenemos tendencia a engordar, hemos de plantearlo así, y no como algo temporal. No en vano, yo siempre bromeo conmigo misma y me digo que somos individuos de nuestra especie "avanzados", somos producto de la evolución humana preparados para tiempos de penuria y escasez de alimentos. Y es que con poco alimento nos basta, tenemos necesidades mínimas para mantenernos sanos y fuertes. Pero hete aquí que estamos en un mundo donde nos sobra de todo, por supuesto nos sobran alimentos. No comemos para vivir, vivimos para comer. Hemos convertido la alimentación en cultura, ocio, divertimento, comemos para celebrar y también por lo contrario, ponemos la tele y tenemos anuncios de comida cada dos por tres, paseas por la ciudad y los olores de comida te acechan en cada esquina. Cómo sustraerse a todo eso y tener una alimentación equilibrada?
Un poco de historia
¿Por qué quiero adelgazar? Porque no me siento a gusto. Nada más. Sólo por un problema estético, por eso mi incentivo es tan bajo.
Hace años, bastantes, yo pesaba entre 58-60 kilos. Después de mis embarazos me quedé en 62-64, a veces algún kilo de más cogido en invierno y que perdía en verano sin más. No comía mucho, ni pasaba hambre, y nunca me preocupó mi peso en demasía, vamos, que el estar gorda o flaca nunca fue una de mis pesadillas.
No es el caso de mi marido. El padece de obesidad mórbida, está operado desde hace bastantes años, más de veinte. Se operó en el Clínico de Zaragoza, y a su lado, más de treinta años, he padecido todos los avatares por los que pasa un gordo de verdad. No es mi caso, hoy sólo tengo unos kilos de más, pura cuestión estética. Pero hace catorce años tuve una menopausia precoz (esto da para hablar largo y tendido, y no es el caso) y una de sus consecuencias o efectos, o como queramos llamarlo, fue que engordé casi treinta kilos. Ahí es nada. En cuestión de dos años pasé de pesar 64 kilos a pesar 90. Supongo que fue consecuencia de varios factores: 1.- El propio cambio físico que se produce, en huesos, musculos, etc
2.- Las alteraciones de todo tipo que tuve, que me alteraron la estabilidad psíquica, me crearon ansiedad, depresión, falta de atención, eso te lleva a una baja autoestima y a que todo te importe ya un comino, y desde luego el aspecto físico menos que nada, así que descuidas todo.
3.- Un hambre increíble, no sé si real o producto de lo anterior, pero me llevó a comer mucho, como yo nunca había comido, a veces dasaforadamente. Supongo que la razón más poderosa por la que engordé, no me engaño.
Los casi treinta kilos de más no sólo me hicieron cambiar todo el armario, todo es todo, hasta los zapatos dejaron de valerme, también se convirtieron en un problema de salud, lo más importante. Apenas daba cuatro pasos me ahogaba, no podía ni respirar, de hecho, por el campo iba a rastras. Empezó a subirme el colesterol, llegué al límite de 200, puede que esto se debiera más al cambio hormonal. De hecho, cuando empecé a tomar un sustitutivo hormonal volvió a bajar. Empecé a roncar por la noche, lo que no me había sucedido nunca. Todos los problemas del sobrepeso, añadidos a los propios del cambio físiso que ya de por sí produce la menopausia, y que son muchos, me llevaron a plantearme seriamente el adelgazar, perder los kilos de más a base de dieta controlada. Y en eso llevo cuatro años.
De los noventa he conseguido bajar a 75, que en las Navidades se han convertido en 77. Pueden parecer pocos para cuatro años pero a mí me parecen una maravilla. Nunca he pretendido perderlos de golpe y porrazo, nada de eso. Al lado de mi marido he aprendido mucho, no presumiré de experta, pero algo sé sobre el tema. He leído mucho también, pero lo más importante es la experiencia al lado de alguien que lo ha probado todo, todo tipo de dietas milagro y no milagro, pastillas, técnicas, tratamientos, internamientos en clínicas, etc, sacacuartos lo llamo yo. Así que yo me lo tomo como lo que es, un plan de vida, y no sólo de un plan de comida durante un tiempo. Porque los que tenemos tendencia a engordar, hemos de plantearlo así, y no como algo temporal. No en vano, yo siempre bromeo conmigo misma y me digo que somos individuos de nuestra especie "avanzados", somos producto de la evolución humana preparados para tiempos de penuria y escasez de alimentos. Y es que con poco alimento nos basta, tenemos necesidades mínimas para mantenernos sanos y fuertes. Pero hete aquí que estamos en un mundo donde nos sobra de todo, por supuesto nos sobran alimentos. No comemos para vivir, vivimos para comer. Hemos convertido la alimentación en cultura, ocio, divertimento, comemos para celebrar y también por lo contrario, ponemos la tele y tenemos anuncios de comida cada dos por tres, paseas por la ciudad y los olores de comida te acechan en cada esquina. Cómo sustraerse a todo eso y tener una alimentación equilibrada?
sábado, 11 de enero de 2014
De año en año, y escribo porque me toca
Mi sino es escribir en este blog de un año para otro, y eso porque el otro día me recordaron que lo tenía.... No es que se me hubiera olvidado, pero la verdad es que dispongo de poco tiempo para escribir, y al jardín tampoco le dedico mucho, la verdad. Un poco asilvestrado, ............... crece demasiado! Con lo que suspiraba yo hace años por verlo así. Lo he ampliado un poco, menos de lo que pensaba, porque aquí el factor limitante es siempre el agua en verano. Si no está garantizado el riego mejor no plantar! No hay nada que sobreviva a un tórrido y largo verano castellano. Así que después de la experiencia de ver morir un montón de plantas por falta de agua, ya no planto nada antes de haber instalado el riego por goteo que me garantice su supervivencia. Esto del goteo es una moneda de doble cara. Ahorra mucho tiempo, porque regar con la manguera era un coñazo y llevaba su tiempo, amén de disciplina diaria, pero tenía la ventaja de que cada planta recibía su precisa ración hídrica, claro que dos días sin regar y adiós.. Con el goteo te olvidas de todo, hasta de que lo tienes, y así pasa que a veces se rompe una manguera, más bien la muerden los perros, y el agua se te escapa y tardas días en enterarte! Y cómo crece todo, demasiado..Y aunque el goteo es muy simple exige su mantenimiento, hay que repasar todas las uniones, que a veces se sueltan y se va el agua, a veces se tupen los orificios, y hay que sustituir algunos tramos, o se doblan las tuberías y no pasa el agua,.... en fin trabajitos de vez en cuando. Este verano, mi hija y mi yerno se enfrascaron en montar un cacho huerto, cavaron, plantaron y como viven en Valladolid, pues el riego lo dejaron para mí. Así que monté el goteo, que no estaba yo para dar manguerazos todos los días, y hay que ver cómo crecieron las verduras, como por arte de magia. Nunca en tan poco tiempo habíamos tenido lechugas tan fermosas, ni tomates tan coloraos, ni tan grandes calabacines, ni berenjenas tan abundantes, que nos hemos puesto moraos, poca variedad, es verdad, porque se plantó tarde, y no hubo tiempo para más, pero imposible tener mejor resultado. Aún quedan cuatro coliflores que habrá que recolectar. Seguro que volvemos a repetir este año.
Prometo que si consigo una cámara haré fotos del pequeño huerto y aquí vendrán. Sí, ya, yo no tengo ifon o como se escriba, Mi móvil es muy cutre. Aquí en el campo en el móvil no puedes tener conexión a internet porque no va ni me sirve pa ná, ya tengo el ordenador, así que las fotos tengo que hacerlas con cámara, y no tengo. Me compré una normalita, o sea baratita, y al día siguiente, con el entusiasmo por hacer fotos me la cargué. Pues sí, la metí en el bolso de mi chaqueta, me senté en una piedra y adiós pantalla, se rajó. La cámara hace fotos, funciona, ero como no ves lo que haces, pues es una lata Y como estas cosas cuestan más arreglarlas que comprar una nueva, pues de nuevo sin cámara.
Prometo que si consigo una cámara haré fotos del pequeño huerto y aquí vendrán. Sí, ya, yo no tengo ifon o como se escriba, Mi móvil es muy cutre. Aquí en el campo en el móvil no puedes tener conexión a internet porque no va ni me sirve pa ná, ya tengo el ordenador, así que las fotos tengo que hacerlas con cámara, y no tengo. Me compré una normalita, o sea baratita, y al día siguiente, con el entusiasmo por hacer fotos me la cargué. Pues sí, la metí en el bolso de mi chaqueta, me senté en una piedra y adiós pantalla, se rajó. La cámara hace fotos, funciona, ero como no ves lo que haces, pues es una lata Y como estas cosas cuestan más arreglarlas que comprar una nueva, pues de nuevo sin cámara.
jueves, 21 de febrero de 2013
Qué hay de nuevo?
Había olvidado que tenía un blog...Mi tiempo no da para mucho, lo estiro todo lo que puedo, pero...Ultimamente tengo bastante olvidado el jardín. Ya se sabe que en invierno poca cosa. Algún día de sol he aprovechado para extender el goteo, para que cuando llegue el verano no me coja desprevenida, como casi siempre. Algo de limpieza, que siempre hace falta. Esta semana he empezado a meter la tijera por todas partes. Es increíble lo que algunas plantas pueden llegar a crecer! Y estoy pensando en segar la hierba! Es que este invierno no ha hecho mucho frío y está bastante crecida, y como no la meta en vereda ahora, luego imposible.
Un almendro que sembré hace unos años está en flor. Es su primera floración. Es la primera alegría del año, en términos jardineros se entiende.
jueves, 19 de abril de 2012
lunes, 16 de enero de 2012
Trabajos invernales
Hace mucho tiempo que no voy a un vivero a comprar nada. La verdad es que aquí en Salamanca no merece mucho la pena. Cómo echo de menos al de Barbastro. Su dueño viajaba todas las semanas a Barcelona y se traía infinidad de plantas de las que aquí no han oído ni hablar, amén de que le podías encargar lo que quisieras... En Salamanca apenas hay novedades, siempre las mismas plantas. Claro que son seguras. Al final, son las que cuentan, las que te mantienen el jardín. Pero por eso mismo no he vuelto, porque ya las tengo y se reproducen ellas solitas por todas partes. De hecho, ahora en invierno me dedico a recojerlas en tiestos, para luego trasplantarlas en la ampliación del jardín.
Los días que no hiela los dedico a plantar. Son arbustos y árboles de dos o tres años. Pequeñitos, pero que seguro que agarrarán bien y en poco tiempo tendrán el tamaño adecuado. Ya no tengo la impaciencia de antes. Hace unos años no se me hubiera ocurrido plantar algo tan pequeño. Tenía prisa por ver mi jardín hecho. Hoy no tengo ninguna. En 15 años me he dado cuenta de que todo llega, antes incluso de lo que crees. Y me resulta más interesante crear algo nuevo que mantener lo que ya tienes. Mi jardín hecho de hoy sólo necesita poda, y es un trabajo más pesado de lo que parece, y bastante aburrido. Sólo reconforta por el resultado que se obtiene, un jardín más limpio y ordenado.
Me gustaría poder plantar árboles raros, traídos de la otra punta del mundo, pero de momento me conformo con lo que tengo a mano. Sólo tengo un árbol "raro": un caldén. Mi hijo me trajo las semillas de La Pampa, cuando estuvo allí trabajando. Aún está en tiesto, pero ya lo tengo que trasplantar a tierra firme. Cualquier día de éstos.
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